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Solo para los fantasmaadictos.

La niña de la ópera, introducción y primera parte.

Hola amigos, ahora no solo les dejaré un video, si no que además, les dejaré una historia de mi autoría titulada la niña de la ópera, de ustedes es la última palabra, ustedes vean y jusguen.

 

Nota:  Escuchen este video mientras lo leen, díganme que les paresió al escuchar el video y al leerlo.

 

Capítulo I: El comienzo.

Unas ruinas, ya hace mucho tiempo deshabitadas, le servían de casa a una niñita dulce y tierna, pero que en su exterior, expresaba odio por la vida.

 

Se llamaba Christine Daaé y solo salía por las noches, ya que ocultaba un secreto muy grande que veremos más adelante.

 

A esta niña, solo se le podía oír cantar, por lo que todos pensaban que se trataba de una ada encantadora que había venido para quedarse en el mundo de los vivos.

 

Un día, unos albañiles, entraron en la casa de Christine (lo que para ellos y para todos los demás eran tan solo ruinas)

 

Christine pensaba que este era el fin y que la iban a descubrir, así que decidió esconderse y ver que hacían los señores.

 

Hacia allá! Gritaba uno.

Más hacia allá, señor? le contestaba otro.

Christine tan solo miraba y escuchaba todo lo que estaban haciendo y diciendo.

 

Vámonos, mañana a primera hora seguiremos con este trabajo muchachos.

 

Salieron todos.

 

Cuando Christine se levantó por fin, vio lo que estaban haciendo.

 

¡Su casa había desaparecido!!!!!!

 

O, no!!!!!!

¿Qué voy a hacer?

Salió despavorida de ahí y nunca se le volvió a ver desde esa ocasión.

 

Capítulo II: 3 años después

 

Un día, no tan soleado ni tan nublado, llegó una señorita (digo esto porque Christine ya había cumplido los quince años) pero nadie la reconocía.

 

Al llegar a su casa, o sorpresa!

Se escuchaba una voz angelical, que recorría toda la calle.

 

Su casa ya no era más su casa, si no que un teatro de ópera!

 

La voz era de un tenor llamado Thárit así que ella, fascinada por su voz, la siguió y se encontró en un camerino totalmente alumbrado, así que se puso unos lentes obscuros que llevaba con sigo.

 

Los lentes tenían la siguiente leyenda escrita en tinta roja: ¡Si me tocas, conocerás la muerte!

 

Thárit comenzó a decirle a un amigo que fue a visitarlo esa noche llamado Jim, que su padre le había dicho que cuando muriera, él le iba a mandar a un hada de la música.

 

Jim le sonrió y le dijo: ha! entonces, ya no tiene que estar muy lejos esa hada!

 

No, respondió Thárit un poco desilusionado.

 

En eso, se escucharon unos pasos en el pasillo, se abrió la puerta y era una mujer vestida de blanco que le dijo a Jim: Que impuntual eres! te dije que a las ocho tenías tu clase de canto! vamos jovencito!

 

Jim recorrió el pasillo junto a la dama de blanco cerrando la puerta y dejando solo a Thárit en su camerino.

 

De repente, empezó a escuchar una voz que le decía cantando:

 

Yo soy tu hada de la música, ven, vamos mi ángel de la música.

 

Un espejo que estaba en la pared del camerino de Thárit, se empezó a jirar y transportó a Thárit y a Christine, sacándolos de la plena luz, a la más terrible, misteriosa y profunda obscuridad.

 

Bajaron unas largas escaleras en total obscuridad, subieron otras, bajaron muchas más, fueron bajando, bajando, bajando, hasta que, Thárit escuchó un relincho a su lado.

 

¿Un caballo? le preguntó a Christine Thárit.

 

Si, vamos, sube le respondió Christine.

 

Aquél caballo totalmente negro como la noche, los había conducido hasta un lago totalmente obscuro y a la vez transparente que reflejaba la luna como un inmenso espejo negro.

 

Suve Thárit le dijo Christine.

 

Lo subió a una barca igual de negra, que hacía combinación con el lago, con el caballo, con todo lo que estaba allí, que era totalmente negro.

 

Baja, hemos llegado le dijo Christine a Thárit.

 

¿A dónde? le preguntó Thárit sorprendido por lo que había visto.

 

¡A casa! le respondió Christine.

 

Mira, mi querido amigo, comenzó diciendo Christine yo he tenido que ocultarme durante todo este tiempo por mi defecto.

 

Thárit: ¿Por qué traes esos lentes?

 

Christine: ¡No los toques!

 

Thárit: Mira mi amiga yo quiero conocer por que te has ocultado bajo el teatro entero durante todos estos años, así que, te voy a quitar esos lentes quieras o nó!

 

Christine: ¡Si los tocas, conocerás la muerte! le dijo eso recordándole la leyenda que tenían los lentes escrita en tinta roja.

 

Thárit no se dejó y se los quitó con mucha fuerza, dejando sus ojos al desnudo.

 

Christine: ¡No!

 

Thárit: Eres……………………….

 

Christine: Si, mi amigo, ahora mírame, soy ciega.

 

Thárit se desmayó y después de un rato se levantó y dijo: Pero por qué no lo dijiste antes?

 

Christine: Soy ciega de nacimiento, por eso he vivido aquí, en este mundo de obscuridad que yo hice para mí.

 

Thárit: No te preocupes Christine, yo no te tendré lástima, al contrario, te ayudaré en todo lo que pueda, te lo prometo.

 

Así, Christine dejó de usar los lentes y salió por primera vez en el día al mundo exterior y Thárit la animó a lograr todos sus objetivos.

 

Continuará.

 

Comenten por favor.

 

Gracias.

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